«La idea inicial fue representar este libro al óleo, pero como no sé pintar, tuve que escribirlo.»
En la pintura europea de los siglos XV y XVI, era habitual representar una mosca con un grado de realismo extraordinario para tratar de engañar al espectador y así evidenciar la destreza técnica del artista. No tenemos del todo claro si lo que acontece en estas páginas son relatos, pero lo que está claro es que de moscas, este libro está repleto; pequeñas interrupciones de la realidad, breves anomalías de lo cotidiano, discretos trampantojos que, como tales, hacen ver lo que no es, pero con una diferencia clave: en estos relatos, lo que no es, termina siendo. Un hombre que sacando de su huerto patatas saca la última patata, sin haber sacado todavía la penúltima. ¡Ni siquiera la antepenúltima! Un jardín donde las margaritas ofrecen respuestas como «me quiere» y «no me quiere» pero también «tal vez» o «tu primo» o «a treinta grados la ropa de color» o «x=v(i2‡z)» o «por favor, con Enrique ni en broma». Una mujer que se traga un mirlo. Una pintora hiperrealista que pinta el retrato de un hombre con un tumor en el colon porque ella «pinta lo que hay», no solo lo que ve. Un grifo del que gotea una gota, una y otra vez, la misma gota, siempre la misma gota, ¡está claro, no hay más que verla, si es que son idénticas! Luis Mario retuerce las palabras para desvelar partes del mundo y del lenguaje tan solo accesibles a través de lo poético, poniendo en cuestión nuestra propia percepción intelectual.ros de arena (RTVE)