Solo una escritora de gran talla y mucho ingenio puede pensar en escribir un libro de memorias que se ocupe únicamente de su infancia, pero Rosa Chacel sabía muy bien qué se proponía y quiso dejarlo claro ya en las primeras páginas de esta obra: «Yo tengo la culpa de haber nacido porque siento el principio de mi vida como voluntad. Ganas me dan de decir: si yo no hubiera querido, nadie habría podido hacerme nacer».
Desde el amanecer enseguida revela su manera peculiar de ver el mundo, su forma de despachar con las personas y los objetos, su hambre de todo y su capacidad para construir verdades a partir de las palabras a menudo incomprensibles de los adultos.
Los diez primeros años de la existencia de esta gran autora están aquí, vivos y claros, y son una muestra espléndida de lo que hoy se denomina «narrativa del yo»: una lección magistral para las nuevas generaciones.