Una visión muy original del mar como un reflejo claro del cambio de perspectiva de la autora frente al objeto evocado, ese mar que ha dejado de ser escenario o telón de fondo para convertirse en protagonista de procesos de introspección o experiencia autobiográfica y reflejar la presencia del propio interior de la escritora que, conmovida, reflexiona sobre sí misma ante el mar, en todos los casos admirado, deseado y ansiado. El mar, ese Mar Menor cantado por Carmen Conde, es vida y meditación, pero también y, siguiendo la tradición, recuerdo e imagen de la muerte.