Hay acontecimientos que marcan un antes y un después en la vida de cualquier persona. En el caso de Madre y Padre, primero fue el nacimiento de sus dos hijos, Mayor y Menor. Y luego su pérdida. Pero también hay episodios aparentemente marginales que los distraen de ese después: unas manos que se rozan por casualidad y se retienen un poco más de lo debido, una discusión que no se resuelve o una mirada indiscreta en un chat ajeno. Una vida que deja huella en los objetos de la casa que sus moradores una vez habitaron, convirtiéndolos en guardianes de la memoria y del olvido.
A través de ellos, del inventario que queda tras la muerte, el más devastador de los incendios, Michele Ruol construye una narración brillante y contundente sobre la culpa y el perdón, sobre el duelo y la pérdida, que se adentra en la intimidad de cada uno de los personajes y nos hace cambiar continuamente la idea que nos hemos formado de ellos. Quizás también la que tenemos de nosotros mismos.