Estructurada en pequeños capítulos, la obra se desarrolla en un barrio residencial de Tiflis (Georgia), donde las vivencias del narrador en su encuentro con diversos personajes y situaciones trazarán una intensa sucesión de gestos, voces y paisajes.
Mediante recuerdos fragmentados, el narrador transita a menudo entre la infancia y la edad adulta, entre lugares, tiempos y estados de ánimo, en un relato que despierta ternura y también melancolía. Horava consigue que lo cotidiano se vuelva extraño y lo familiar adquiera a veces un matiz inquietante.
Tránsitos es un viaje por la fragilidad de la vida y la identidad en el que cada recuerdo es un lugar de paso y cada escena, una breve escala antes de continuar.