«Con casi toda probabilidad, nosotros, lectores del futuro, nunca lograremos aprender y atrapar aquella guerra degenerada que sufrieron miles de paisanas y paisanos en sus propias carnes. Mujeres y hombres de carne y hueso; nin~os y ancianos con las vulnerabilidades propias de cada edad; combatientes y civiles armados y desarmados. Pobres, muertos de hambre o matados de hambre casi siempre. Campesinos y pastores en su gran mayori´a. Aquellos que fueron nuestros padres, nuestros abuelos y bisabuelos. Nuestros ancestros, en definitiva, que no vieron pasar la muerte violenta de largo, sino que muchas veces se sento´ a su lado y se quedo´ a vivir con ellos. Los acompan~o´ durante el resto de sus di´as, aunque no hablaran sobre ello o nos contaran tan solo fragmentos incompletos. Quiza´s todos los esfuerzos sean en balde. Quiza´s nunca podremos aprender y atrapar aquella guerra degenerada. Sin embargo, esa imposibilidad no nos debe desanimar a intentarlo. Asi´ lo ha hecho Javier Rodrigo y su esfuerzo no ha sido en vano.» (Jorge Marco, del Epílogo)