Looshkin no es un gato cualquiera: es un torbellino azul de caos y desastres épicos. No hay que dejarse engañar por su carita inocente, con él puede pasar cualquier cosa: baños de espuma que salen de la bañera e inundan el salón, cerdos que aterrizan en el tejado, portales dimensionales que aparecen donde menos te lo esperas y enjambres de abejas descontroladas.